Por Henri Schmidt, CEO y fundador de VBTec/Visionbody, especialista en musculatura y superviviente de cáncer
Escuchar que tenía cáncer fue uno de los momentos más duros de mi vida.
Como cualquiera que recibe una noticia así, necesité tiempo para asimilarla. Pensé en mi familia, en los años que aún quería vivir y en todo lo que no estaba preparado para dejar atrás. Sabía que el camino sería difícil, pero también que quería afrontarlo con toda la determinación posible.
Después de dedicar gran parte de mi vida a la ciencia muscular y el rendimiento humano, mi instinto fue pensar qué podía hacer para mantenerme lo más fuerte posible durante el tratamiento. No buscaba un milagro ni un atajo. Buscaba una rutina que me ayudase a conservar fuerza, energía y propósito mientras seguía la atención médica recomendada por mi equipo de oncología.
Encontrar una rutina que funcionase para mí
Con el tiempo probé distintos enfoques de nutrición, movimiento y recuperación.
Mi rutina cambiaba según cómo me sentía, la fase del tratamiento y las conversaciones con mis médicos. Hubo periodos muy distintos entre sí. En vez de seguir una dieta o un horario fijo, adapté los hábitos diarios conforme evolucionaba mi situación.
La nutrición pasó a formar parte de esa rutina, igual que el movimiento. Continué utilizando mi sistema Visionbody EMS y pasaba tiempo con regularidad en una sauna de infrarrojos porque, personalmente, esas actividades me ayudaban a sentir que cuidaba de mí durante una etapa extremadamente difícil.
Al mirar atrás, no creo que existiese una única fórmula que me ayudase a atravesar el cáncer. Fue la combinación del tratamiento médico, el apoyo familiar, la determinación y unas rutinas diarias que me hacían sentir más fuerte física y mentalmente.
Mi experiencia con distintos enfoques alimentarios
Uno de los enfoques que exploré fue el ciclado metabólico.
Para mí, significaba experimentar con distintas formas de alimentación a lo largo del tiempo, en lugar de mantener siempre el mismo patrón. Prestaba atención a cómo me sentía, cuánta energía tenía y hasta qué punto lograba conservar mi fuerza durante el tratamiento.
Nunca lo consideré un tratamiento contra el cáncer. Fue un experimento personal que reflejaba mi experiencia en fitness y ciencia muscular, junto con las indicaciones de mi equipo sanitario.
La situación médica de cada persona es distinta. Lo que a mí me pareció adecuado puede no serlo para otra persona.
Lo que me ayudó a mantener la constancia
Cuando miro atrás no recuerdo un único momento revelador.
Recuerdo las rutinas.
Recuerdo que intentaba conservar toda la fuerza posible. Que seguía moviéndome, aunque tuviese que adaptar mis expectativas. Que elegía hábitos que me hacían sentir implicado en mi recuperación, en lugar de rendirme cuando la vida se volvió difícil.
Esas rutinas me dieron estructura durante una etapa en la que casi nada parecía predecible.
Prestar atención a la nutrición, mantenerme activo de formas que podía tolerar y reservar tiempo para recuperarme fueron pequeñas decisiones que me ayudaron a conservar un propósito durante todo el proceso.
El papel de Visionbody EMS en mi rutina
Utilizar mi sistema Visionbody EMS siguió siendo una parte importante de mi rutina durante el cáncer.
En los periodos en los que los entrenamientos convencionales resultaban más difíciles, la EMS me ofrecía otra forma de mantener el vínculo con el movimiento y seguir trabajando los músculos. Para mí era importante porque conservar la actividad física, en cualquier forma que pudiese asumir, me ayudaba a sentirme más fuerte tanto física como mentalmente.
Conservar todo el músculo posible se convirtió en una de mis prioridades. A lo largo de mi carrera siempre he creído que un músculo sano es fundamental para la fuerza, la movilidad y la calidad de vida, especialmente en periodos de gran exigencia física. Utilizar Visionbody fue una de las formas de trabajar hacia ese objetivo personal.
El sistema se integró en mi rutina diaria, no porque creyese que podía tratar el cáncer, sino porque respaldaba el estilo de vida activo que quería mantener durante el tratamiento.
Mi experiencia personal no debe interpretarse como prueba de que la EMS trate, cure o modifique la evolución del cáncer. Fue simplemente un elemento de la forma en que decidí mantenerme activo durante una etapa increíblemente difícil.
El papel de la recuperación
La recuperación fue otra prioridad.
Pasaba tiempo con regularidad en una sauna de infrarrojos porque disfrutaba incorporándola a mi rutina general de bienestar. Junto con la nutrición, el movimiento y el descanso, era otra forma de bajar el ritmo, recuperarme y mantener hábitos que me ayudaban a sentirme mejor durante el tratamiento.
Fue una elección personal y no debe interpretarse como una recomendación para personas en tratamiento oncológico.
Mirando atrás
El cáncer cambió mi vida.
Cambió mi manera de pensar sobre la fuerza, la salud y lo que significa seguir avanzando cuando las circunstancias distan mucho de ser ideales.
Nutrición, movimiento, entrenamiento EMS y las rutinas que construí a su alrededor formaron parte de cómo decidí vivir aquella experiencia. Me ayudaron a conservar una sensación de propósito y normalidad durante una de las etapas más difíciles de mi vida.
Si espero que alguien extraiga un mensaje de mi historia, no es que copie lo que hice. Cada proceso oncológico es distinto y todo plan de tratamiento debe desarrollarse junto con profesionales sanitarios cualificados.
Lo que deseo mostrar es que, incluso en los momentos más duros, tiene valor seguir cuidándose, conservar la fuerza cuando sea posible y negarse a perder la esperanza.
Henri Schmidt
Aviso: escribí este artículo para compartir mi experiencia personal como antiguo deportista, especialista en fitness e innovador en EMS durante mi convivencia con el cáncer, no como consejo médico. Mis vivencias no deben interpretarse como recomendaciones ni como prueba de que la nutrición, el ayuno, la EMS o cualquier práctica de estilo de vida puedan tratar o curar el cáncer. Si tienes cáncer u otra enfermedad, consulta siempre con tu oncólogo, dietista oncológico u otro profesional sanitario cualificado antes de modificar tu alimentación, ejercicio o rutina de salud.